Prensa MPPC (23/07/2026).- Las manos inquietas alzadas al aire y el brillo del entusiasmo infantil marcaron el taller de tejidos de macramé terapéutico, actividad central de la que disfrutaron niños y niñas este jueves 23 de julio en el campamento transitorio de la UEN Francisco Pimentel, en la parroquia Santa Teresa de Caracas.

Organizado por la Fundación Red de Arte, este encuentro cultural y artístico puso el aprendizaje textil en el corazón de una jornada llena de movimiento, recreación y deporte para la juventud del sector.
La actividad estuvo guiada por Esmeralda Ramírez, quien captó de inmediato la atención de los presentes. Mientras compartía sus saberes, recordó a los pequeños que la técnica del macramé es un arte ancestral que, además de incentivar la creatividad, funciona como una valiosa herramienta para la relajación y el bienestar.


Ramírez sacó los hilos y lanzó al aire una pregunta: “¿Quién quiere aprender?”. La mesa, rodeada por brazos levantados y la emoción por ese aprendizaje, le dio su respuesta.
Los participantes se dispusieron a elegir los tonos con los que darían forma a sus creaciones: desde el rosado, verde, azul y gris, hasta vibrantes hilos multicolor. Con destreza y paciencia, Esmeralda picó varios listones de las tonalidades seleccionadas, selló las puntas al fuego e hizo el primer nudo, para dar inicio formal a la elaboración de las pulseras.
Luego, cortó otro hilo de color verde e indicó a los pequeños amarrárselo en la pierna como punto de apoyo para unirlo con el resto de los hilos. Conforme el tejido avanzaba, la mesa se llenó de voces impacientes y entusiastas: «¡Espérame ahí!», «¡Señorita Esmeralda!», se escuchaba entre risas, en un esfuerzo colectivo por mantener todos el mismo ritmo.

Mientras los hilos cobraban forma en esa mesa, al otro lado se sentía el movimiento de la creatividad plástica: otros niños moldeaban figuras con plastilina y rellenaban coloridos dibujos con retazos de papel en otra de las actividades desplegadas durante la jornada.
Estas iniciativas forman parte de las actividades comunitarias enmarcadas en la Ruta de la Esperanza, un esfuerzo continuo por garantizar el derecho a la recreación, la paz y el encuentro cultural, que busca transformar los espacios compartidos en verdaderos refugios de alegría, aprendizaje y desarrollo integral para los niños y niñas afectados por el doble terremoto del pasado 24 de junio.

Texto: Angie Vélez
Fotos: Roiner Ross

