Prensa MPPC (14/09/2026).— Pintora y poetisa, muñequera y compositora —aunque no llegó a grabar sus canciones—, orfebre y narradora. Artífice de un universo propio traducido en color vivo e imagen trastocada en el mágico entrecruce de ruralidad y caos urbano donde interactúan personas y animales, colas de carros y enormes flores, mujeres en corpiño en medio de la ciudad como un ensueño, parejas de enamorados en medio de una danza acrílica que da forma al barrio. Estas imágenes se insertan en la visión de lo cotidiano-contemporáneo erigida desde la rebeldía primigenia de Elsa Morales, cuya trayectoria recuerda Venezuela al cumplirse 85 años de su nacimiento.
Elsa Morales nació el 16 de septiembre de 1941 —fecha corroborada por su hermano Fran Morales— en una zona montañosa ubicada en lo que hoy se conoce como Parque Nacional Guatopo, entre los estados Miranda y Guárico. Hija de campesinos, provino de la etnia Tomuza por parte de madre y descendió por su padre de negros esclavizados que se asentaron en esa zona durante la época colonial. Terminó viviendo con una tía materna en una barriada de Petare luego de que su aldea fuera desterrada. Aquel radical cambio de hábitat la condujo desde los 7 años por una espiral de trabajos como doméstica, marcados por maltratos, jornadas laborales extenuantes y humillación de corte racial.
Ese temprano encuentro con la adversidad, lejos de subyugarla, estimuló su ancestral urgencia de expresión, canalizada a través del color, la forma y la palabra. Ya en sus veinte y todavía como doméstica, aprendió a leer y a escribir de forma autodidacta, mientras que a pintar lo hizo guiada por su originario instinto tras recibir una caja de colores como regalo. Sobre distintos materiales como soporte —desde cartón hasta tela reciclada—, Elsa Morales plasmó sus primeros cuadros de vibrante tonalidad, planos simplificados e inusuales temas sociales captados más desde el descubrimiento que como denuncia, llamando la atención del crítico y estudioso de arte Francisco Da Antonio.
Así, a sus 27 años expuso por primera vez en la Galería Arte Industrial, donde su propuesta se ganó la definición de Neo Pop-Art por su inquietante contraste cromático y figuras delineadas. Ello la llevó a recorrer un indetenible camino de exposiciones entre las que se cuentan unas 18 muestras colectivas y 37 individuales, además de salones y bienales. Fuera de nuestras fronteras expuso en tres oportunidades en territorio estadounidense, respaldada por la galería neoyorquina The Signs Gallery. Asimismo, en septiembre de 2021 el centro cultural Kreuz+Quer-Haus der Kirche en Baviera, Alemania, acogió la exposición «Elsa Morales: un colorido viaje por Venezuela».

No le bastó a Elsa Morales la pintura como único medio de expresión: también destacó como creadora de muñecas a tamaño natural, de caleidoscópicos vitrales y de ebanistería popular —en especial de cajas policromadas, parabanes y ensamblajes—. En las letras se atrevió a incursionar con la complicidad de Aquiles Nazoa, quien al leer un fragmento de sus escritos le ordenó tiernamente: «Escribe, lo haces bien».
Aquella sugerencia se tradujo en libros de poesía como «Canto a la muerte de Aquiles Nazoa» (1981), «Para leer en el metro” y “La serpiente de la fatalidad o una canción desesperada» (1985), «Poemario del amor y la vida» (1990), «Cartas de amor» (1995), «Un amor entre pólvora, flores y pájaros» (2000) y una noveleta titulada «Elena crucificada» (2004).
Su versátil quehacer artístico, inusual por demás, y que por sus características de fábula inspiró a la escritora Isabel Allende a perfilar el personaje protagónico de su novela «Eva Luna» —una niña aborigen traída a la capital como sirvienta cuya vida permite retratar a Suramérica—, la hizo merecedora de varios reconocimientos.
Entre ellos figuran el Premio Bárbaro Rivas en el XXXVIII Salón Arturo Michelena (1979), el Premio Museo de Arte Contemporáneo en el III Salón de Pintura Ingenua de Fundarte (1982), el Premio Fundarte en el VII Salón de Arte Popular (1986), el Premio a la Trayectoria Artística en la I Bienal de Arte Popular Bárbaro Rivas en el Museo de Petare (1987), el Premio Barquisimeto en su Festival de Arte (1991) y el galardón del I Salón Bigott de Arte Popular (1999).
En 2006 la Casa del Artista la honró al bautizar con su nombre la sala expositiva Elsa Morales, sumado a la creación de dos piezas operísticas que evocan su existencia: «Dulce Rosa», escrita por Plácido Domingo y estrenada en 2011, y «Eva Luna», de la venezolana Betty Kalman y musicalizada por el italiano Alberto Guidobaldi.
Para seguir impulsando la creación artística, en 2025 se inauguró el primer Salón Nacional de Arte Elsa Morales, cuya segunda edición se efectuará en 2027.

Texto: Francisco Castillo
Fotos: Redes sociales de la Fundación Elsa Morales

