Soy martiano porque soy bolivariano, y viceversa. Recuerdo que fue en el primer viaje de 1978 que vine cargado de convicciones y, también, de discos del grupo de rock progresivo “Síntesis” que anulaba la leyenda negra según la cual el rock estaba prohibido en la isla, así como del Grupo de Experimentación Sonora del ICAI en los que escuché, por primera vez las voces de Silvio y Pablo cuyas canciones ya conocíamos. También me traje una colección de reproducciones de los más hermosos carteles cubanos y una buena cantidad de libros.
Entre los libros había varios volúmenes de las Obras Completas de José Martí editadas por el Centro de Estudios Martianos, gracias a los cuales pude acercarme al pensamiento de este gran intelectual cubano, más allá de sus versos sencillos. Saber de la admiración y defensa que siempre tuvo Martí por la figura y el pensamiento de nuestro Libertador, me hizo sentir una enorme gratitud para con él que extendí a todo el pueblo cubano.
Años después, me tocó ser director de la Biblioteca Nacional, institución que alberga en su seno a la Casa de Nuestra América “José Martí” y fue por eso que fui invitado en dos oportunidades a ese espacio de encuentro de los pueblos que es la Conferencia Internacional por el Equilibrio del Mundo.
Allí, escuché del teólogo brasileño Frei Betto una ponencia sobre el pensamiento martiano como base para una ética revolucionaria cubana. Creo que es esa ética martiana la que sustentó la construcción del hombre nuevo y del internacionalismo cubano del que salió ese ejército de médicos por el mundo en los tiempos de pandemia.
Hoy, la barbarie capitalista pretende ahorcar a la Patria de Martí. Y los hijos de Bolívar, también atacados, alzamos nuestras voces, junto al resto del Sur Global ¡Hands Off Cuba! ¿Así, o más claro?
T: Ignacio Barreto