Venezuela celebra cada 5 de octubre la mestiza sonoridad de la salsa

Prensa MPPC (5/10/2026).- “¡Azúuuuuuuucar!”, “Ahí ná má”, “Ecuajey”, “¡Váyalo!”, “¡Sabroooooosoooo!” son algunas de las interjecciones que, con solo oírlas, a las nacidas y nacidos en esta tierra se nos eriza la piel. Son el festivo preludio que anuncia la sincopada clave de 3-2 que mueve solitos los pies y nos impulsa a buscar una pareja dispuesta a vivir en ritmo y sabor esa pieza de ecos caribeños que habla de la vida en el barrio, de la mulata bella negada a caer en las redes del amor, del eterno echar palante como persona y como colectivo, y hasta de crítica a males sociales como el clasismo y el racismo.

Ese crisol de sonoridades con guaguancó y son montuno cubanos como base, donde convergen los cueros de la tambora africana, las maracas aborígenes y el piano europeo en un compás propio, mestizo como Latinoamérica misma y que el mundo entero conoce como salsa, vio nacer en Venezuela su muy disputado apelativo –desde Cali hasta Nueva York hay quienes se pelean su autoría–. Fue una ocurrencia del locutor caraqueño de ritmos bailables Phidias Danilo Escalona: se asegura que, en medio de un almuerzo entre amigos, alguien pidió “que le pasaran la salsa”, solicitud que Escalona relacionó con el “gusto” de los ritmos que colocaba en su bautizado programa “La hora de la salsa, el sabor y el bembé”, que estrenó en 1966.

Este fortuito acierto de Escalona, quien nació el 5 de octubre de 1933, recibió el reafirmador espaldarazo de otro compatriota también inmerso en las lides de la música tropical bailable: Federico Betancourt, director de la orquesta Federico y su combo latino, quien venía cultivando ese sonido sincrético y profundamente innovador que inocularon sin remedio trabucos cubanos como el Sexteto Boloña, en 1926, y el Trío Matamoros, en 1933. Así, y también en 1966, Betancourt impactó al público bailador con el título de su disco “Llegó la salsa”, que terminó de acuñar el nombre al género en desarrollo.

Ya identificada, la salsa comenzó su andar de sandunguera conquista; primero por Latinoamérica y el Caribe, luego por el mundo entero, de fiesta en fiesta, de disco en disco, de concierto en concierto. En menos de una década se hicieron familiares nombres como Héctor Lavoe, Celia Cruz, Rubén Blades, Ismael Rivera, Yolandita Rivera y agrupaciones emblemáticas como la Fania All Stars, Sonora Ponceña y Puerto Rican Power, por mencionar algunas.

En consonancia con el privilegio de haberle aportado el nombre al género, Venezuela es zona salsera por derecho propio. Es moneda corriente en nuestras ciudades empezar el día a bordo de autobuses y busetas donde más de uno tararea “Pedro Navaja”, “Juanito alimaña” o “La rebelión” sin importar la edad. Bailar salsa en nuestro país es un punto de honor que une a los bailarines de más edad o más experimentados para enseñar a las nuevas generaciones.

Zonas enteras se cuentan como semilleros de cultura afrocaribe. En Caracas, por ejemplo, están las parroquias San Agustín y 23 de Enero, ambas conocidas por ofrecer bailantas públicas de salsa cada fin de semana e impartir formación musical. De estos espacios han surgido exponentes como el grupo Madera y Orlando Castillo “Watusi”. Además de estos populosos sectores, también son conocidos los encuentros de baile que se realizan en la plaza El Venezolano, en el centro de la capital.

Así, cuando cada viernes la fiesta toma la cuadra, resuenan junto a los clásicos de la salsa caribeña los temazos de nuestros grandes soneros, como el gigante Oscar D’ León en representación de una Venezuela salsera y siempre dispuesta a echar un pie con su “Cachumbambé”; la afamada Dimensión Latina y su “Llorarás”; Sexteto Juventud y “La cárcel”; Quinta Galaxia con su “Homenaje al tres”; la colección de son montuno tradicional del Sonero Clásico del Caribe en la que no falta “Son de la loma.

A ellos se suma el emblemático sonido marcado por el vibráfono que impuso la agrupación Mango y su “Mango mangüé”,que todavía bailan los melómanos curtidos; el género romántico de Jhosep Uviedo y su “Amor correspondido”, muy sonado en la radio; el saoco de Mariana, la sonera y su divertida pieza “A cualquiera le pasa eso”; el poder rumbero de La mafia latina y su zafacón de éxitos, donde siempre destaca su versión de “Yambeque”; Bailatino y Salsabor en constante innovación con el jazz latino, junto a Efrén Avellaneda con Los soneros del barrio y el dúo catiense Salsavista con su “Mujer prohibida”, entre otros exponentes.

En reconocimiento a quien contribuyó a dar nombre a un género musical que nos define como continente, Venezuela en pleno, y con el espaldarazo del movimiento Corazón Salsero —creado hace nueve años— consagró en 2020 la fecha natal de Phidias Danilo Escalona, el 5 de octubre, como Día Nacional de la Salsa. Así, se reconoce el arraigo de este ritmo que, además de obsequiarnos baile y disfrute en comunidad, nos brinda en sus entrañables letras pasajes de nuestra dinámica historia, estampas sociológicas de cómo abordamos la vida y la impronta que nos identifica dondequiera que vamos y nos establecemos, sin jamás perder el nexo con la tierra que nos vio nacer y crecer.

T: Francisco Castilllo
F: Prensa MPPC

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