Prensa MPPC (25/05/26).- La sala Horacio Peterson, emblemático espacio de la Universidad Nacional Experimental de las Artes (Unearte), se hizo eco de anécdotas, memorias y reflexiones sobre el cine venezolano como parte de un encuentro en el que se celebró la vida y obra del maestro Román Chalbaud, figura trascendental del quehacer fílmico en nuestro país.

La reunión fue moderada por la actriz y docente Irabé Seguías, quien destacó que el lugar de Chalbaud dentro de la memoria del país trasciende lo artístico. “Román ocupa uno de los sitiales más importantes, no solamente por su obra cinematográfica y teatral, sino también desde la parte afectiva. Todos sus compañeros se volvieron familia. Ese es uno de los aspectos más notables que pueda ostentar un ser humano”, expresó.
Asimismo, Seguías afirmó que las obras del maestro continúan conectando con nuevas generaciones porque “penetran profundamente en el imaginario colectivo del venezolano”, que hace de su visión sobre la idiosincrasia nacional una obra “atemporal y eterna”.
Como parte de este acto, se proyectó un video especial que recorrió en imágenes el inconmensurable legado artístico de Chalbaud, que comprende más de siete décadas dedicadas al teatro, el cine y la televisión. Filmes como El pez que fuma, Caín adolescente o La oveja negra, no solo retrataron las complejidades sociales del país, sino también la sensibilidad, el humor y la identidad del pueblo venezolano.
Complacido de participar en esta íntima celebración, también estuvo Josué Saavedra, director de sonido, documentalista y realizador audiovisual. Saavedra, quien trabajó junto a Chalbaud durante décadas, rememoró la profunda relación profesional y humana que forjó junto al cineasta y dramaturgo.
“Yo trabajé casi 40 años con el maestro, desde muy joven en ‘Cangrejo I’. Para mí todavía está acá y me guía, y me orienta con todo lo que estoy haciendo ahora”, comentó, incapaz de disimular su emoción.
Saavedra describió a Chalbaud como “el maestro, tanto del cine como del teatro”, resaltando su sensibilidad y cercanía con cada integrante de sus equipos de trabajo. “Lo caracterizaba una gran humanidad, era un ser especial, con una gran estrella. Aquí y en el mundo entero, donde iba dejaba una huella”, aseguró.
Saavedra también subrayó la importancia del cine de Chalbaud en la construcción de la identidad nacional. “Su trabajo destacaba lo popular, el venezolanismo. Para él era una misión de vida reflejar y retratar lo que somos como venezolanos, porque era un amante del país y lo quería muchísimo”, expresó, no sin antes concluir que “la inmortalidad no está en vivir mucho; está en dejar un legado con el que te recuerden, y por eso Román es inmortal”.
En el homenaje también participó la productora e investigadora audiovisual Pily Galán, quien recordó al director como un creador profundamente disciplinado y humano. “Todas las películas de Román son excepcionales, pero ‘La Oveja Negra’ es Román en toda su expresión; allí está todo su imaginario”, comentó.
Galán destacó además la rigurosidad profesional del maestro en cada rodaje. “Uno aprendía muchísimo con él, con ese respeto al tiempo, a los técnicos, a los actores y a todo el equipo de grabación”, subrayó la productora, que también recordó la capacidad de Chalbaud para aprovechar al máximo los recursos sin perder profundidad artística.
Desde lo personal, Galán lo describió como “un ser lleno de luz, con tanto amor para dar”, cualidades que resumían el humor y la calidez muy suyas dentro y fuera del set.
Más que un homenaje, la actividad se convirtió en una reafirmación del lugar que ocupa Román Chalbaud dentro de la cultura venezolana: un creador imprescindible cuya obra continúa iluminando el cine, el teatro y la memoria emocional del país.

T y F: Unearte

