Prensa MPPC (08/08/2026).- En el campamento transitorio instalado en la Escuela Nacional de Artes Escénicas César Rengifo, en la parroquia Altagracia de Caracas, una jornada formativa reunió a niños, jóvenes y adultos en el patio central: se trató del taller “Ocarinas para todos”. Dictado por Richard Mendoza, propició la creación de formas, texturas y sonidos de raíz ancestral a través del trabajo manual con arcilla, como parte de la programación de la Ruta de la Esperanza.

De origen prehispánico, las ocarinas son instrumentos de viento sin llaves, hechos comúnmente con barro, hueso o cerámica. La presencia de estas piezas se asocia a culturas originarias de países como México, Guatemala, Venezuela, Colombia, Perú y Ecuador, donde el tamaño, la estructura y la apariencia de las piezas varía sin alterar la cualidad sonora.
Inspirados en esta tradición, los participantes de esta jornada desplegaron su creatividad para moldear diversas figuras. La disposición de los agujeros y la decoración llevaron el sello particular de sus creadores, quienes aguardaban con expectativa la evaluación del profesor.


“¡Sonó, sonó, sonó!”, repitieron varias personas cuando la pieza de David Blanco, uno de los participantes, emitió una melodía por primera vez. “¡Se logró el objetivo!”, celebró el tallerista.
Blanco ha destacado en los talleres y jornadas recreativas que se realizan en ese campamento, especialmente en el torneo de dominó, que próximamente definirá un ganador. “Voy por el campeonato”, afirmó.
Su actitud animó a sus compañeros, quienes terminaron las ocarinas mientras el ambiente se llenaba de sonidos. “Con este taller los participantes se hacen un obsequio a ellos mismos. Nosotros le damos la oportunidad de hacer algo maravilloso con el barro”, indicó Julio Parada, organizador del evento.

Al hacer los ajustes estéticos finales, los presentes agruparon y dispusieron las piezas para el secado. Solo en ese momento, el profesor Mendoza se separó de la mesa, contempló la labor cumplida y supo que su viaje desde Santa Lucía del Tuy, estado Miranda, para dictar el taller había valido la pena.
“Fue una jornada extraordinaria. Se incorporaron todos: niños y niñas, jóvenes, adultos y abuelos. Cuando los talleristas participan y responden a las dinámicas, uno se siente grande”, aseveró.




T: Claudia Hernández
F: Nathael Ramírez

