Prensa MPPC (29/04/26).- En el marco de la celebración del Día Internacional de la Danza, la Fundación Misión Cultura rinde un tributo vibrante a la diversidad de cuerpos y estilos que consolidan a nuestra nación como un referente mundial del movimiento.
Desde el rigor técnico que habita en nuestras academias y escuelas hasta el latido comunal del baile urbano y la herencia inquebrantable de nuestras tradiciones populares, Venezuela se proyecta como un vórtice de creación inagotable. Esta fecha no solo celebra la estética del paso, sino la transversalidad de un arte que en cada región: del llano a la costa, y de los Andes a la urbe; se manifiesta como una herramienta de transformación social y un símbolo de la disciplina y el temple que definen el carácter del artista venezolano.

Este caminar histórico ha sido labrado por instituciones fundamentales que marcaron hitos, como el Ballet Nena Coronil, el Ballet Nacional de Venezuela, el Ballet Internacional de Caracas y el Ballet Nuevo Mundo de Caracas, pilares que elevaron nuestra técnica a los estándares más exigentes del mundo.

Este legado de excelencia se nutre con la visión de maestros y maestras que redefinieron el cuerpo y el espacio: desde la vanguardia de Sonia Sanoja y la profundidad de Carlos Orta y Noris Ugueto, la perfección de Zhandra Rodríguez y Yolanda Moreno, hasta la maestría de José “El Negro” Ledezma y la fuerza de agrupaciones como Coreoarte.
A este firmamento se suma el estudio riguroso de nuestra raíz popular y tradicional, salvaguardada por la entrega de investigadores y hacedores de la talla de Juan de Dios Martínez, Freddy Medina y Omar Orozco, entre otras grandes danzarios, quienes convirtieron el ritmo en un acto de fe y pertenencia.





Esa huella imborrable es hoy el cimiento sólido sobre el cual se erige el ímpetu de las futuras generaciones. En cada universidad o escuela de artes, en los conservatorios y en los ensayos que laten en el corazón de las barriadas, miles de niños, niñas y jóvenes se apropian de las bases legadas por estos grandes, dotando a la técnica de una frescura propia y una pasión renovada.
El semillero artístico venezolano crece con la consciencia de pertenecer a una estirpe de virtuosos, garantizando que el relevo generacional no solo preserve la memoria histórica de lo que somos, sino que proyecte hacia el mañana nuevas formas de narrar al país a través de la elocuencia de un cuerpo que se niega a estar inmóvil.
Bajo la premisa de que la danza es el corazón palpitante de nuestra soberanía, reconocemos a quienes hoy hacen de los escenarios y las plazas un altar de identidad.
La danza en nuestra tierra es una fuerza viva y unificadora; es la poesía de un pueblo que no se detiene y que, a través de cada giro y cada gesto, reafirma su orgullo nacional y su voluntad de seguir dibujando, con elegancia y potencia, el mapa de una patria que danza con paso firme hacia su propia inmortalidad.



T: Luis Rebolledo
F: Google

