La Cruz de Mayo: un acto de resistencia cultural

Prensa MPPC (03/05/26).- La Cruz de Mayo es una de las celebraciones más importantes del calendario festivo venezolano. Se celebra en cada región como una tradición arraigada en las comunidades que se unen para vestir y cantar la Cruz, hacer velorios, cantar décimas, repicar los tambores, organizar conversatorios y hasta compartir sancochos y dulces.

Es una festividad de raíz sincrética que celebra el hallazgo, según la tradición cristiana, de la Santa Cruz por Santa Elena, madre del emperador Constantino, en el siglo IV. Sin embargo, en América, y específicamente en Venezuela, esta celebración se fusionó profundamente con las cosmovisiones indígenas y afrodescendientes.

La cruz de madera, símbolo de naturaleza, se convirtió en puente entre el catolicismo impuesto y la resistencia espiritual de nuestros pueblos originarios y africanos, que veían en la madera, las flores y el agua, elementos sagrados de su propia relación con la tierra.

La Cruz de Mayo llega a Venezuela con la colonización española, pero es aquí donde adquiere su verdadera alma.

En el período colonial, especialmente en las regiones de Barlovento; los Valles del Tuy; Caracas; la costa oriental como Sucre, Margarita, Barcelona; y Falcón, las comunidades negras, indígenas y mestizas adoptaron la cruz pero le dieron un sentido propio: la cruz se viste, se vela, se parrandea y se pasea como a un ser vivo. No es solo un ícono religioso: es un acto de resistencia cultural.

Mientras los amos rezaban en latín, los esclavizados y los libres cantaban décimas al ritmo del tambor, pidiendo lluvia, cosecha, libertad, buen viaje para los pescadores y salud para los enfermos. Así, la Cruz de Mayo se hizo venezolana, campesina, cimarrona y profundamente popular

Caracas

La Cruz de Mayo en Caracas se celebra con velorios en barrios como La Pastora, San Agustín, El Valle, 23 de Enero y Petare, por nombrar algunos. La cruz se viste con palmas tejidas, flores de papel crepé, cintas moradas y pañuelos blancos, y se coloca sobre un altar casero con velas y dulces criollos. Se canta “a lo divino” con cuatro y maracas. Destaca el ritual del “Préstame tu cruz”, donde los vecinos se la llevan cantando de casa en casa. El 4 de mayo al amanecer se levanta y guarda hasta el próximo año.

Los Llanos

En los Llanos venezolanos (Apure, Barinas, Portuguesa, Guárico, Cojedes), la Cruz de Mayo se vive con solemnidad campesina, sin tambor, con rezo cantado y copla llanera. La cruz se viste con palmas, cintas moradas, algodón silvestre (para pedir lluvia) y espigas de maíz, y se coloca sobre un mantel blanco con velas, frutas y dulces criollos. Durante la noche, copleros improvisan décimas con cuatro, maracas y a veces arpa.  Se reza el rosario cantado, con el fin de pedir lluvia para cultivos y pastos. Al amanecer, se “levanta” la cruz con un canto de despedida.

Oriente (Sucre, Anzoátegui, Nueva Esparta, Monagas)

La Cruz de Mayo en Oriente es sinónimo de parranda, galerón y alegría cantada. A diferencia del velorio solemne, se forman parrandas que van de casa en casa con aguardiente, café y dulces. El corazón es el galerón oriental, canto a dúo o solista con cuatro y tambora, con versos improvisados y contrapunteo. En Nueva Esparta se adorna con conchas marinas; en Sucre se lleva en procesión hasta la playa para bendecir el mar y pedir por los pescadores. Al amanecer, se hace el “espanta”, un canto jocoso para despertar a los veladores y despedir la cruz con repique de tambores.

Barlovento (estado Miranda)

En Barlovento, cuna del tambor afrovenezolano, la Cruz de Mayo es una fiesta monumental de resistencia que puede durar hasta nueve días. La cruz se viste con palmas, flores, frutas y papeles de colores, pero lo distintivo es el repique del tambor de curbeta, el culo e’ puya y la mina, que acompañan fulías y cantos de velorio. Aquí se le baila y se le canta con fuerza, pidiendo por la cosecha del cacao, la salud de la comunidad y los ancestros cimarrones. Se alternan rezos católicos con cantos de origen africano en un poderoso sincretismo. La fiesta termina al amanecer guardando la cruz, pero el tambor sigue sonando.

Los Andes (Mérida, Táchira, Trujillo)

En los Andes venezolanos, la Cruz de Mayo es profundamente religiosa y campesina, cercana a la procesión y la misa. La cruz se viste con flores silvestres de páramo, cintas blancas y palmas bendecidas, y se coloca en altares caseros o capillas rurales. Incluye rezo del rosario, bendición de cosechas y procesiones por caminos de montaña para proteger sembradíos de papa, maíz y hortalizas. El canto es sobrio, con guitarra o a capela, con décimas que piden salud, tierra fértil, paz. Al final se comparten platos como la pizca andina, queso ahumado y dulce de cabello de ángel.

Occidente (Falcón, Lara, Zulia)

En Occidente, la Cruz de Mayo se celebra con punto criollo y galerón falconiano, acompañados de cuatro, tambora y maracas. Las cruces se visten con palmas tejidas, flores de papel y cintas de colores, en altares comunitarios en patios o plazas de pueblos como Siquisique, Carora y Coro. Los velorios son cantados y alegres, con contrapunteos de décimas llenos de ingenio. En Zulia rural y pesquero se acompaña con tambor gaitero y se pide por el buen tiempo para la pesca. La fiesta incluye café, dulces criollos y la “levantada de la cruz” con repique de campanas.

La Guaira y Valles del Tuy

En La Guaira y los Valles del Tuy, la Cruz de Mayo se celebra con una fusión de tambor costero y rezo católico, heredada de la tradición afro-litoral. La cruz se viste con palmas, flores de papel crepé y cintas rojas y blancas, y se coloca en altares adornados con frutas, velas y conchas marinas como símbolo de la cercanía del mar. Durante el velorio, se alternan salves y cantos afrovenezolanos con el rosario y las décimas a lo divino, acompañados del repique de tambor mina y culo e’ puya. En El Junko, Naiguatá y Carayaca, las comunidades pescadoras llevan la cruz en procesión hasta la orilla del mar para bendecir las aguas y pedir por la seguridad de pescadores. La celebración termina al amanecer con un canto de despedida y un compartir de pescado frito, arepas y café.

Todas estas formas tienen algo en común: la cruz es viva, es madre, es protectora, y nos reúne en comunidad desde los Andes hasta Paria, desde el Táchira hasta Caracas, desde cada rincón del país.

T: Red de Arte
F: Bernardo Suárez / Archivo Centro de la Diversidad Cultural

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