Prensa MPPC (13/08/2026).- Pocas figuras de la historia han ejercido tanta influencia como Fidel Castro Ruz. Incluso en términos geográficos, que mucho tiene que ver con retos políticos e históricos, puso a Latinoamérica y el Caribe en el mapamundi de la lucha por la autodeterminación, el bien común y la pluralidad como respuesta ante la pretendida imposición de agentes imperiales. Y la mayor expresión de ese legado es el fomento del internacionalismo como herramienta de hermandad y de identidad no solo para Cuba, sino para la región.
Nacido el 13 de agosto de 1926 en Birán, un poblado al oriente de Cuba, Fidel Alejandro Castro Ruz fue enviado a La Habana con apenas seis años en pos de su futura formación académica. De esa primera etapa quedó establecida su preeminencia como estrella del baloncesto y destacado estudiante con inclinación hacia la rama humanística.
Ese amor por el debate de ideas fue lo que llevó al joven Fidel a seguir en la universidad nada menos que tres carreras: Derecho, Diplomacia y Ciencias Sociales, con el agregado —común denominador en el ciclo vital juvenil— del encuentro directo con obras universales del Socialismo Científico y consecuentes círculos de estudios, que despertaron su inquietud política devenida en activo liderazgo estudiantil, faceta hecha motor de vida más allá de recibirse como abogado en 1950.
Su espíritu de lucha y el fortalecimiento de su quehacer político evolucionaron en un antes y después del evento que lo comprometió por siempre como líder: el combate al régimen dictatorial derechista de Fulgencio Batista, que terminó el 1 de enero de 1959.
Así, la conocida táctica de resistencia promovida por Castro y el enfoque incólume de moral y sacrificio por el futuro bien común no sólo les granjeó la victoria popular, sino que inspiró a muchas naciones latinoamericanas y del mundo a afianzar la lucha por su soberanía y autodeterminación.
Al sumar el esfuerzo común, traducido en bienestar para todas y todos por igual, el pueblo cubano se creció junto a su naciente revolución por encima de viejas dificultades, muchas producto de viejos y renovados colonialismos: derrotó el analfabetismo, superó la desnutrición, construyó robustos sistemas educativos, científicos y deportivos, logros que pretendieron ser torpedeados por factores dominantes.
Ante el bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba, ampliamente rechazado en el seno de instancias como la Organización de Naciones Unidas (ONU), Fidel Castro, junto al pueblo del país caribeño, convocó a la pluripolaridad, la independencia política y al fomento de la solidaridad más allá de la isla, con el despliegue de misiones médicas, deportivas y culturales, así como la difusión de su programa de fin al analfabetismo, entre otras iniciativas que tocaron a países como Venezuela.
Con esa misma visión, jugó un papel clave en la constitución de organizaciones como el Movimiento de Países no Alineados (Mnoal) y distintas iniciativas de integración como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), impulsada junto al comandante Hugo Chávez.
Aunque Fidel no está hoy físicamente, vive en la resistencia y entereza de los pueblos, que siguen fomentando la solidaridad como una herramienta de salvación en un mundo que reclama unión para enfrentar los desafíos contemporáneos. Como él mismo predicó, “ser internacionalistas es saldar nuestra propia deuda con la humanidad. Quien no sea capaz de luchar por otros, no será nunca suficientemente capaz de luchar por sí mismo”.
T: Prensa MPPC
F: Minrex Cuba

