El Día Nacional del Artista Plástico honra al creador que rompió los moldes de la Academia

Prensa MPPC (10/05/2026).- Cada 10 de mayo, Venezuela se viste de color y textura para celebrar el Día Nacional del Artista Plástico. No es una fecha elegida al azar: es el aniversario del nacimiento de Armando Reverón (1889); este genio caraqueño que pintó el trópico y se dejó cegar por él para entender su esencia.

Decretado en 1983, este día rinde tributo a un creador que rompió los moldes de la academia para fundar una modernidad propia, visceral y profundamente venezolana.

Armando Reverón | Sin título -cocotero- . Paisaje con cocotero | 1938

Nacido en la capital del país, la vida del hijo único de Julio Reverón Garmendia y Dolores Travieso Montilla estuvo marcada por la búsqueda constante.

Durante sus inicios en la Academia de Bellas Artes, en Caracas, se dedicó a pintar cuadros religiosos y naturalezas muertas.

Armando Reverón | Juanita en traje de baño rojo | 1934

Tras su paso por dicha academia —donde vivió la histórica huelga de 1909— y su posterior formación en España y Francia, el joven Armando regresó a una Venezuela que aún miraba al pasado. Su integración al Círculo de Bellas Artes, en 1915, fue el catalizador: allí, junto a figuras como Manuel Cabré, entendió que el verdadero arte no estaba en los salones cerrados sino al aire libre, en la captura del instante y en la honestidad del paisaje.

Sin embargo, mientras sus contemporáneos se mantenían en un impresionismo sereno, Reverón —influenciado por el misticismo del ruso Nicolás Ferdinandov— decidió ir más allá. En 1921, se aisló en Macuto para construir El Castillete: su hogar, taller y universo simbólico. Allí, frente al mar Caribe, comenzó una metamorfosis artística que el mundo aún estudia con asombro.

Armando Reverón | Nocturno -luna-
| 1917

Los tres rostros de sus obras

La genialidad de Reverón se divide en períodos que reflejan su estado anímico y su percepción técnica. Su Época Azul (1918-1924) estuvo impregnada de una melancolía nocturna y atmósferas envolventes. Pero fue la Época Blanca (1924-1935) la que lo consagró como el «Maestro de la Luz». En este período, el artista llevó la luminosidad al extremo al eliminar pigmentos, con el fin de permitir que el blanco del lienzo fuera el protagonista. Así logró retratar el deslumbramiento cegador del sol caribeño.

Posteriormente, su Época Sepia (1936) introdujo los tonos ocres y el uso del soporte rústico, donde la materia cobró una relevancia táctil. Reverón no solo pintaba; él construía sus propios pinceles, sus modelos (las famosas muñecas de trapo) y su entorno, convirtiéndose en un pionero del arte conceptual y del ensamblaje décadas antes de que estos términos fueran tendencia global.

Armando Reverón | Cinco figuras
| 1939

Hitos

A lo largo de su trayectoria, Reverón legó piezas que hoy son patrimonio fundamental de la Fundación Museos Nacionales. En sus inicios académicos y su transición al aire libre destacan obras como Josefina en el jardín (1909), donde ya se vislumbraba su interés por el entorno natural, y su Primer Autorretrato (1910). Durante su estancia en Europa, piezas como Gitana (1913) y Paisaje de Burdeos (1914) demostraron su dominio de la técnica antes de sucumbir al hechizo del trópico.

Sin embargo, es en su madurez donde aparecen sus obras maestras más disruptivas:

  • El Retrato de Juanita (1918): pintada tras superar la gripe española, esta obra inmortaliza a Juanita Ríos, su compañera inseparable y musa, marcando el inicio de su profundidad emocional.
  • La Hamaca (1933): una pieza clave donde abandona el óleo por el temple sobre papel, capturando la cotidianidad y la inercia del descanso bajo el sol.
  • Desnudo (1938): obra seleccionada para inaugurar el Museo de Bellas Artes, que rompió esquemas sobre la representación del cuerpo femenino.
  • Desnudo Acostado (1947): quizás su obra más laureada, con la cual obtuvo el Premio Nacional de Pintura en 1953, un año antes de su muerte. En ella, la figura humana se desvanece y se integra al espacio en una danza de tonos sepias y luz.
  • Marina (1948): un regreso triunfal al dibujo y al paisaje portuario de La Guaira, donde el mar se convierte en una abstracción de líneas y reflejos.
Armando Reverón | Autorretrato (con pumpá) | 1948

El desnudo como libertad

Uno de los aportes más revolucionarios de Reverón fue su tratamiento del cuerpo humano.

Al desplazar el desnudo de las cámaras reales a parajes naturales, transformó a la modelo en una extensión del paisaje.

Sus obras, como La Hamaca o Desnudo acostado, no son simples representaciones eróticas, sino ejercicios de libertad total, donde la piel se funde con la luz y la vegetación, para reflejar el mundo emocional y sensible del artista.

Armando Reverón | Paisaje con locomotora | 1942

El legado

A pesar de las crisis de salud y los períodos de hospitalización, el ímpetu de Reverón nunca se apagó del todo. Su fallecimiento en 1954 dejó un vacío que pronto se llenó con el reconocimiento mundial.

Hoy, el Día Nacional del Artista Plástico invita a recordar que el arte en Venezuela tiene un antes y un después de aquel hombre proveniente de la parroquia Santa Rosalía de Caracas, quien, con un sencillo sombrero de copa y una mirada visionaria, enseñó a una nación a ver la luz.

T: Prensa MPPC

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