Prensa MPPC (15/08/2026).- Desde la Quinta Micomicona —una casona de estilo neocolonial erigida en 1931, declarada Patrimonio Nacional— hasta su trabajo divulgativo en entornos digitales, el Centro de la Diversidad Cultural (CDC) proyecta una sólida imagen de tradición y encuentro.
Todo en el CDC connota saberes compartidos y vistosas formas de interpretar la vida transmitidas de generación en generación. La preservación y defensa de esas manifestaciones —donde confluyen canto, baile, estética, cosmogonía e historia— ha sido durante dos décadas la labor fundamental del centro, integrado en su mayoría por musicólogos y antropólogos.
Así lo explica su presidente, el escritor, docente e investigador Benito Yrady, con un marco más que representativo a sus espaldas: las imágenes de comunidades indígenas en faenas tradicionales de pesca y siembra que integran la muestra fotográfica “Sabiduría originaria en Venezuela”, del recordado fotógrafo y cineasta Rafael Salvatore.
“Nuestra sede cuenta con cuatro salas de exhibición permanente y los visitantes pueden disfrutar de visitas guiadas previa cita”, acota Yrady, al destacar el vínculo continuo con las comunidades.
Más de dos décadas de promoción del patrimonio inmaterial
Con el nombre de Fundación Centro de la Diversidad Cultural (CDC), esta institución adscrita al Ministerio del Poder Popular para la Cultura fue creada el 16 de agosto de 2006 mediante el Decreto 4.738, emitido por el presidente Hugo Chávez Frías, y mantiene un estrecho trabajo en alianza con la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).
Sus antecedentes, no obstante, se remontan a 1946, cuando el intelectual Juan Liscano promovió la creación del Servicio de Investigaciones Folklóricas Nacionales dentro del antiguo Ministerio de Educación Nacional. Para su inauguración se celebró “La Fiesta de la Tradición”, en el Nuevo Circo de Caracas.
“Se presentaron manifestaciones tradicionales como el Tamunangue y el baile la Yonna del pueblo wayúu. Fue necesario extenderla por una semana y con lleno total cada noche, porque el público caraqueño no sabía de las tradiciones de su propio país y quería conocerlas”, rememora Yrady.
Así, tras identificar esa sed de conocimiento, la entidad transitó un ciclo de transformaciones institucionales sin perder su espíritu inicial: el Instituto Nacional del Folklore (INAF, 1953), el Instituto Interamericano de Etnomusicología y Folklore (INIDEF, 1970), el Centro para el Estudio de las Culturas Populares y Tradicionales (CCPYT, 1980) y, en su etapa previa al CDC, la Fundación de Etnomusicología y Folklore (FUNDEF, 1990).
“Esta última etapa estuvo muy influenciada por la presencia de la destacada musicóloga argentina Isabel Aretz, que ya venía del INIDEF, pero que en FUNDEF sentó las bases del trabajo que hoy desarrollamos en el CDC”, explica Yrady.
Comunidades guardianas de sus manifestaciones
El CDC parte de un principio sociológico fundamental: el pueblo es el verdadero autor y dueño de su cultura. Bajo esta premisa, concibe las manifestaciones tradicionales como un reflejo dinámico de nuestra historia y geografía. Su promoción y defensa no son solo un rescate del pasado, sino la afirmación de un sentir comunitario proyectado hacia el futuro.
“Nunca hemos hecho una labor de estudio y difusión de manifestación alguna sin contar con la aprobación de la comunidad. Y una vez inmersa, le proporcionamos las herramientas que le convierten en objeto y sujeto de la investigación, que la hacen protagonista y defensora de su práctica”, asegura.
De ese modo, el CDC ha constituido una importante Red de Patrimonio, iniciada en 2006 con el esfuerzo conjunto del personal del centro y las comunidades involucradas, que cubre toda nuestra geografía. Al respecto, Miranda es el estado con más protagonistas culturales registrados: más de 200 ejecutantes.
Este trabajo de estudio, comprensión, apoyo, divulgación y defensa de nuestras prácticas populares cuenta con el apoyo irrestricto del Estado venezolano. Nuestra Constitución Nacional protege y garantiza el disfrute de la cultura como derecho humano.
Esta tarea también tiene el respaldo internacional de la Unesco, en consonancia con sus resoluciones del 13 de octubre de 2003 y del 20 de octubre de 2005, para la salvaguarda y divulgación de prácticas consideradas Patrimonio de la Humanidad. En Caracas, además, se encuentra la Comisión Nacional de Cooperación con dicho organismo.
A nivel regional, el CDC pertenece al Centro Regional para la Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial de América Latina (Crespial) desde 2008.
Logros materiales e intangibles
El CDC suma varias victorias en pro de preservar nuestra herencia inmaterial, que el profesor Yrady cita como una invitación a los venezolanos a hacerlas suyas:
- El centro atesora una colección de instrumentos musicales que puede ser visitada en la casona-sede, en la urbanización Los Rosales de Caracas, o en giras museísticas por todo el país: xilófonos de madera, trompetas de caracola, bajos de chapas sin cuerdas, entre otros.
- La institución alberga una colección de 130 mil fotografías y 30 grabaciones correspondientes a 28 países de la región, inscrita en el programa Memoria del Mundo, de la Unesco.
- Cuenta con la colección de discos “Venezuela plural”, que data de 2015 y alcanzó una distribución gratuita de 50 mil ejemplares, con una primera placa dedicada al luthier y ejecutante de cuerdas Cruz Linares, y 7 discos finales de cantos indígenas.
- Derivado del trabajo de inmersión en materia de manifestaciones tradicionales, interesantes estudios lingüísticos han develado “préstamos” idiomáticos como el alemán coloniero que aún pervive en la Colonia Tovar, el patois hablado en zonas de los estados Sucre y Bolívar, y un esfuerzo por recuperar la lengua caribana, hablada por Guaicaipuro y grupos aborígenes de la zona central.
- Y como mayor logro, las 11 declaratorias de manifestaciones venezolanas como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad, entre las que se encuentran la Parranda de San Pedro y los Diablos Danzantes de Corpus Christi, y a las cuales se pueden sumar nuevas manifestaciones. En espera están la consideración del tamunangue, la arepa y la hallaca.
T: Francisco Castillo
F: Prensa MPPC

