Canto, devoción y memoria: Celebrando el Patrimonio Inmaterial vivo que define a Venezuela

Prensa MPPC (17/10/2026).— El patrimonio cultural inmaterial no habita en las vitrinas de un museo ni reposa en los anaqueles de una biblioteca. Es memoria viva que brota de las manos que tejen la fibra de la curagua en Monagas, en el retumbar del culo ‘e puya que conmueve las costas mirandinas, y en las cuerdas vocales del coplero que canta al ganado en el horizonte infinito de los llanos.

Cada 17 de octubre, al conmemorarse el Día Internacional del Patrimonio Cultural Inmaterial, proclamado por la Unesco, el mundo dirige su mirada hacia esa herencia viva que sostiene la identidad de los pueblos. En Venezuela, esta fecha trasciende la efeméride protocolar: es un reconocimiento a la resistencia comunitaria, a la transmisión de boca en boca y a la memoria colectiva que ha sabido preservarse intacta a través de los siglos. Y que, al día de hoy, es defendida con firmeza por las mismas comunidades que la mantienen viva.

A lo largo de la última década, las comunidades organizadas, los cultores y los sabios populares de la nación han elevado sus manifestaciones ancestrales ante la mirada global. Así, han logrado junto con las gestiones del Gobierno Bolivariano la inscripción de emblemáticos referentes en las Listas del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Todo comenzó con los Diablos Danzantes de Corpus Christi, expresión reconocida por la Unesco en 2012. Su rítmica ceremonial y la devoción que viste de rojo a once cofradías en el centro del país para rendir culto al Santísimo Sacramento se convirtieron en la punta de lanza de una oleada que no para.

Al año siguiente tocó el turno a la parranda de San Pedro de Guarenas y Guatire; luego vino la tradición oral mapoyo en 2014, con su cosmogonía ancestral arraigada a la geografía sagrada a orillas del Orinoco.

En 2015 se inscribió el cultivo y procesamiento de la curagua. Luego el Carnaval de El Callao, en Bolívar, en 2016; y los cantos de trabajo de llano en 2017.

El programa biocultural del bendito palmero, tradición religiosa de los Palmeros de Chacao y La Asunción, fue inscrito en el Registro de Buenas Prácticas de Salvaguardia en 2019. Dos años después, llegó el reconocimiento al ciclo festivo alrededor del culto a San Juan Bautista; y en 2023, a los Bandos y Parrandas de los Santos Inocentes de Caucagua.

En 2024, ingresaron a la lista los conocimientos y técnicas tradicionales vinculados al casabe; y en 2025,el joropo.

Un compromiso fundado en la comunidad

Más allá de los reconocimientos internacionales, el verdadero valor del patrimonio inmaterial reside en el relevo generacional: en el niño que aprende los pasos de la parranda de San Pedro, en el joven que talla su propia máscara de demonio en San Millán o en Naiguatá, y en los abuelos que narran los mitos originarios a orillas de los ríos. Porque el patrimonio, más que un fenómeno lejano al que rendir culto, es un cúmulo de tradiciones que merecen reproducirse, sostenerse y legarse a través del tiempo.

Frente a un mundo acelerado por las dinámicas digitales, Venezuela reafirma que su mayor fortaleza cultural está en la gente: en la diversidad de sus conocimientos, en la dignidad de sus tradiciones orales y en el compromiso de las propias comunidades por defender y transmitir, día a día, la esencia de lo que fuimos, somos y seremos.

T: Prensa MPPC
F: Archivo

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