Prensa MPPC (23/06/2026).- Del mestizaje nació una de las tradiciones más vivas y reconocibles del país. En sus tambores, cantos y procesiones persiste una forma de entender la fe, la comunidad y la memoria colectiva que ha acompañado a generaciones de venezolanos. El ciclo festivo de San Juan es expresión indeleble de la fe venezolana: esa que se sustenta en la convicción de estar acompañados por una fuerza mayor.
De entre todas las festividades venezolanas, pocas parecen abrazar la alegría con tanta intensidad, con tanto fervor, como las fiestas de San Juan. Toda festividad nace, en cierta medida, como una celebración de la vida, de las tradiciones y de la fe. Pero hay algo distinto en las aparentemente eternas jornadas de tambor, cantos y baile que toman pueblos enteros cada mes de junio.
Es una felicidad que no surge simplemente de la fiesta, sino que nace del agradecimiento. De la convicción colectiva de que las plegarias son escuchadas, de que nadie carga solo con sus promesas y anhelos. La esperanza compartida de que los milagros encuentran el camino. Después de todo, como repiten los sanjuaneros desde hace generaciones: si San Juan lo tiene, San Juan te lo da.
Más que una celebración religiosa, esta manifestación constituye un espacio de encuentro entre distintas herencias culturales que dieron forma a Venezuela. En ella convergen elementos del culto católico a San Juan Bautista con expresiones musicales, rituales y comunitarias desarrolladas por poblaciones afrodescendientes durante la época colonial.
La fuerza de esta expresión cultural ya trascendió las fronteras nacionales, desde que fue declarada en 2021 como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco). El reconocimiento destacó una tradición transmitida por generaciones que ha logrado preservar prácticas religiosas, musicales y comunitarias surgidas en comunidades afrovenezolanas desde el siglo XVIII.
Cuando el tambor llama
El ciclo festivo de San Juan encuentra sus momentos centrales entre el 23 y el 24 de junio, fecha en la que la tradición católica celebra el nacimiento de San Juan Bautista. Sin embargo, hablar únicamente de esos dos días sería contar la historia incompleta: en muchas comunidades las celebraciones comienzan días antes y se extienden semanas después. Los tambores anuncian la llegada de la fiesta y acompañan procesiones, encuentros comunitarios y velorios donde se entonan cantos tradicionales.
El repique se convierte cada año en una señal inequívoca de que San Juan ha llegado. Y algunas noches, los cueros no dejan de sonar, convirtiendo la fiesta en una ceremonia incesante. A la percusión se suman la fulía, el malembe y otros cantos tradicionales que acompañan tanto los momentos de celebración como los espacios de devoción.
Vestidos de rojo y blanco, devotos y promeseros acompañan la imagen de San Juan Bautista por calles y plazas. El baile forma parte esencial de la celebración, al igual que la música, que no actúa únicamente como acompañamiento, sino como una forma de expresión espiritual y colectiva.
En algunos pueblos, la imagen de San Juan pasa de mano en mano mientras la música se extiende largas horas en una ejecución ritual. Devotos bailan frente al santo, levantan plegarias y agradecen favores concedidos entre cantos y repiques que parecen no terminar nunca.
Aunque se celebra en distintas regiones del país, las fiestas de San Juan tienen una presencia especialmente fuerte en localidades de Miranda, La Guaira, Aragua y Carabobo. Pueblos como Curiepe, en Barlovento, se han convertido en referentes de una tradición que cada año moviliza a comunidades enteras alrededor del santo.
Herencia ancestral
Las fiestas de San Juan son resultado del encuentro entre distintas tradiciones culturales que convivieron durante la época colonial. Al culto católico dedicado a San Juan Bautista se incorporaron prácticas musicales, rituales y comunitarias desarrolladas por poblaciones afrodescendientes que habitaban haciendas y localidades de la región central del país.
Del proceso de mestizaje surgió una manifestación en la que conviven la devoción religiosa y la memoria cultural. Los tambores, los cantos responsoriales y muchas de las formas de organización comunitaria conservan elementos que remiten a la herencia africana, transformada y reinterpretada por generaciones de venezolanos.
“Si San Juan lo tiene, San Juan te lo da”
Pocas frases resumen mejor el espíritu de la celebración que el popular dicho: “Si San Juan lo tiene, San Juan te lo da”. La expresión refleja la relación de reciprocidad que muchos devotos mantienen con el santo a través de promesas, agradecimientos y peticiones. Es una frase que trasciende la fe de quien la pronuncia. Incluso quienes no participan de la devoción suelen conocerla y repetirla. En Venezuela, San Juan es un santo de la gente.
Para algunos, participar en las procesiones o bailar frente a la imagen constituye el cumplimiento de una promesa realizada tras recibir un favor considerado milagroso. Para otros, representa una oportunidad para pedir salud, bienestar o protección para sus familias. Más allá de las motivaciones individuales, la festividad fortalece los lazos comunitarios y reafirma una fe compartida que se transmite de generación en generación.
Un patrimonio vivo
En diciembre de 2021, la Unesco incorporó el Ciclo Festivo alrededor de la Devoción y Culto a San Juan Bautista a la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. El reconocimiento destacó el valor de una tradición que ha logrado mantenerse vigente.
Toda tradición se sostiene en el tiempo por el ímpetu de preservación de su gente. En el caso de San Juan, esto no hubiera ocurrido sin el trabajo de cofradías, cultores, músicos y familias que han transmitido sus conocimientos de generación en generación.
Su permanencia demuestra que las expresiones culturales no sobreviven únicamente por su antigüedad, sino por su capacidad de seguir generando sentido en el presente. Cada junio, el sonido de los tambores vuelve a reunir a miles de venezolanos alrededor de una tradición donde la fe, la memoria y la celebración continúan marchando en un ritmo compartido.
San Juan no es únicamente una figura religiosa o un patrimonio cultural: es la certeza de que las promesas se recuerdan, los favores se agradecen y la comunidad permanece unida alrededor de ambas.
Texto: Juan Sebastián Ibarra
Fotos: Roiner Ross

