Prensa MPPC (16/06/26).– La obra y el inconmensurable legado musical de Modesta Bor es objeto de un merecido análisis a propósito del centenario de su natalicio. Así lo refleja la variadísima programación ofrecida en su honor, a la que se unió la Universidad Experimental de las Artes (Unearte) con un gran conversatorio en torno a su quehacer en la Sala Anna Julia Rojas de esta institución, en Caracas, como parte del Festival Nacional de Coros.
En ese contexto, se inició el ciclo “Unearte en Diálogo”. A esta cita asistieron reconocidos maestros de la música venezolana como Federico Ruiz, Beatriz Bilbao, Efraín Arteaga, Domingo Sánchez Bor –hijo de la homenajeada–, Iris Estrada, Miguel Octavio Flores y Luis Ernesto Gómez. La actividad fue presentada por el rector de esa casa de estudios, Ignacio Barreto, quien agradeció la participación de tan selecto grupo de ponentes.
Ya iniciado el conversatorio, el maestro Domingo Sánchez Bor afirmó que su madre era “un ser del futuro que nació en el siglo XX. ¿Por qué digo esto? Porque ahora es cuando su obra está siendo cantada y tocada a nivel mundial: desde Japón hasta Suecia, desde Argentina hasta Alemania, Estados Unidos, Ecuador y en toda Venezuela”, señaló.

Agregó Sánchez Bor que en varios países diversos estudiosos de la música se han sumado para desarrollar sus carreras, doctorados y tesis basados en la producción de Modesta Bor, quien supo amalgamar con maestría la raíz popular con la vanguardia académica.
Sencillez, modestia y alegría
La reconocida maestra Beatriz Bilbao, discípula y amiga de Bor, recordó que en sus clases reinaban la alegría y la euforia. “Era una persona tan amorosa, no solo por el rigor de su disciplina —que quedó impresa en nosotros— sino también por la libertad expresiva (…). He tenido seis maestros de composición, todos ilustres, y ninguno como Modesta Bor”, aseguró, emocionada.
“¡Feliz cumpleaños, Modesta! Por fin estamos celebrando. Todo un país reconoce su vida y toma conciencia de su legado, profundo e inmenso como el mar”, comentó Bilbao.
Para el maestro Federico Ruiz, quien fue uno de sus grandes amigos, esta compositora y arreglista margariteña era un ser humano extraordinario. “Cada vez que se escucha la música de Modesta Bor se representa lo mejor del alma colectiva del pueblo venezolano (…). Cada vez que la escuchamos, nos conectamos con lo mejor de nuestro ser, con eso que llamamos venezolanidad”.
“Hablar de Modesta Bor es hablar de un familiar muy cercano”, acotó por su parte el musicólogo e investigador Octavio Flores, quien recordó la relación de amistad y trabajo que sus padres —también músicos— mantuvieron con la artista en el grupo vocal Arpegio, fundado en 1966 por la compositora. Más tarde, cosas del destino, el propio Flores cantó en la Coral de la CANTV bajo la dirección de la hoy homenajeada. Rememoró, además, que solían ensayar en los sótanos de la Universidad Central de Venezuela, donde Bor se desempeñaba como responsable musical de su Dirección de Cultura.
El antes y el después
Para Iris Estrada, profesora, historiadora e investigadora de la vida de Modesta Bor, el viaje de la maestra a la Unión Soviética en 1970 —cuando era militante del Partido Comunista de Venezuela— marcó un antes y un después en su vida personal y profesional. Esta experiencia le permitió traer al país la técnica musical de la vanguardia rusa y fusionarla con la tradición venezolana. Recibió formación de Dimitri Rogal-Levitski (orquestación), Vladímir Peskov (polifonía) y Natalia Fiódorovna (literatura musical).
“Ella fue una mujer que tenía su mente y su cuerpo en Rusia pero su corazón en Venezuela, con sus hijos”, rememoró Estrada, no sin obviar que, a su regreso, sufrió un duro golpe personal. “Pero, aun así, transformó ese dolor y esa fuerza en arte. Un arte que hoy por hoy disfrutamos. Vemos el brillo, pero el proceso fue muy duro”, completó.
Materia de estudio
Finalmente, el maestro Luis Ernesto Gómez abordó el análisis que se realiza en la academia sobre la producción de Bor, a través de diversos enfoques editoriales y pedagógicos destinados a expandir y preservar su memoria. Por un lado, destacó las ediciones críticas de su “Concierto para piano y orquesta”, los análisis estéticos de su obra posmoderna y contestataria “Genocidio”, y las investigaciones sobre su repertorio vocal y coral, las cuales examinan su sofisticación armónica, técnicas contrapuntísticas y el balance entre vanguardia y tradición.

Asimismo resaltó Gómez el valor de las aproximaciones intertextuales, el registro testimonial de un documental biográfico y el impacto de su obra pianista en la Cátedra de Orquestación de la Universidad Simón Bolívar, donde las nuevas generaciones continúan reinterpretando y adaptando sus piezas al formato sinfónico.
El legado de Modesta Bor —quien, en palabras de su hija Modesta Yamila, fue una mujer que se opuso toda su vida a la opresión neocolonial— se hace cada vez más palpable en estos tiempos. Como mujer venezolana, guerrera y luchadora social que amaba a los suyos, demostró que su legado no es solo musical, sino también humano, sembrado con fuerza en sus hijos y en la identidad del país.
Concurso en homenaje a Bor
Al cierre de este evento, el rector de Unearte reiteró la convocatoria al concurso de Composición Estudiantil Centenario de Modesta Bor (1926-2026), anunciado a finales del pasado mes de abril.
“Este concurso todavía está abierto; invitamos a los jóvenes compositores, tanto de esta universidad como de cualquier otra, a que entreguen sus propuestas (…). En septiembre tendremos el veredicto y para el mes de diciembre se estrenarán las obras ganadoras”, indicó Ignacio Barreto.

T y F: Prensa Unearte

