Entre las prácticas más hermosas que conforman el ciclo festivo alrededor de la navidad en Venezuela, tiene una posición preponderante la parranda.
Con su equilibrio perfecto entre la devoción religiosa y el ditirambo profano, este canto colectivo y callejero invoca valores de paz y unidad en las comunidades donde aún se practica.
Categorías como la de músicos profesionales y aficionados no aplican en esta tradición donde se incorpora todo el que así lo desee. Si hay alguna distinción es para aquellos responsables de mantenerla viva en tiempo y espacio, destacándose, en muchos casos, un grupo base que pudiera llegar a institucionalizarse e incluso conformarse como entidad artística.
La parranda recorre las calles y va de casa en casa alternando versos dirigidos a los pesebres, al niño y al resto de los personajes allí representados con versos a los dueños de la casa, las muchachas en edad casamentera, los olores que emanan desde las cocinas sugiriendo la presencia de bollos, hallacas, pernil y pan de jamón, y, por supuesto, a la solicitud de bebidas que aclaren gargantas.
En mi caso puedo referirme a una parranda caraqueña con 45 años de existencia, de los cuales lleva casi 30 recorriendo las calles de la urbanización La Carlota todos los 30 de diciembre: La parranda del KR. Tradición esperada con entusiasmo por los vecinos que se incorporan a ella con voces, panes y vinos.
En estos tiempos de pretendidas agresiones imperiales, el pueblo venezolano defiende la soberanía con alegría navideña. Llegó diciembre y arrancó un despliegue de parrandas comunitarias como expresión de pueblo movilizado y uno de los temas que han acompañado a nuestras parrandas desde hace más de sesenta años, Fuego al cañón, se viraliza como advertencia al imperio. Para que respeten. A buen entendedor…
Ignacio Barreto
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07/12/2025