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Prensa MPPC (17/07/2017) Teresa Carreño Noguera, cuya exposición, Tierra de nadie: memorias de un genocidio, se inauguró este viernes en el Museo de Arte Contemporáneo de la Fundación Museos Nacionales, se despidió luego de tres décadas de trabajo y éxitos en la fotografía .

“Debo confesar que esta exposición es una gran ocasión para despedirme de la fotografía… de 30 años de mi profesión… para despedirme de un ciclo de  mi vida” explicó la expositora ante el público que acudió a la ceremonia de inauguración.

En la muestra, con curaduría de Mariano Figuera, el Museo de Arte Contemporáneo exhiben dos series de imágenes que registran el dolor y horror vivido durante los conflictos bélicos de Boznia-Herzegovina y Kosovo. durante el ùltimo lustro del siglo pasado.

El público establecerá un diálogo con el flagelo de la guerra en medio de la cotidianidad trastocada de quienes intentaron seguir adelante durante la guerra fratricida de la antigua Yugoslavia, enfrentando la adversidad de diferentes formas: bien al trabajar la tierra, al ir a la escuela o huyendo; todo visto desde la perspectiva particular de Carreño.

Esta atmósfera está en la sala 8 del MAC, se exponen a través de la curaduría de Figuera, anécdotas como la de una peluquera que siguió cortando cabello a los soldados; una niña que no durmió toda una noche emocionada porque alguien registraría el  sufrimiento de su pueblo; la adopción de una huérfana albanesa de 8 años por el gobierno alemán o la anciana que no sabía que había guerra porque no salía de su casa donde tenía todo en un huerto.

Explica Carreño que su línea de investigación está inmersa en un universo profundamente humano, donde es vital el sentir del inmigrante, los refugiados y los clandestinos. Desarrolló importantes trabajos como Colores de madre y la Historia de Bryan, hurgando en el maltrato de género.

Parte de su dilatada obra la donó a instituciones del despacho Cultural venezolano como la Biblioteca Nacional de Venezuela, el Museo de Bellas Artes y el Centro Nacional de Fotografía. Otra parte su trabajo está en Italia.

Cuenta que su pasión por la fotografía nació cuando tenía 23 años y registró una erupción del volcán Etna. A partir de esas primeras fotos entendió cuál sería su proyecto de vida. Agradece en este devenir la carga ética y humanística que le imprimió su escuela Ricardo Bauer, en Italia, donde “me transmitieron no sólo la fotografía sino la vocación por este arte”. FIN. Prensa FMN, fotografìa Víctor Laya y Erick Martínez